Por: Dr. C Raúl González Peña (CO6XDX)
Fotos: Lic. Mariela Jiménez (CL6AX)
Iconografía y edición: Ing. Arnaldo Lorenzo (CM6YX)
No fue casualidad. Siete barcos, siete voces en el aire y una red de coordinación que sujetó el operativo de comunicaciones desde la salida hasta el regreso. Mariela, Martha, Luis Javier, Miguel, Yainier, William, Osmany, Sandiel, Darío, Eliesky y Raúl tomaron posiciones, ajustaron frecuencias y hablaron claro cuando hacía falta. En todo momento contaron con la estación de respaldo operada por Jorge Mollinea, lista para entrar si la situación lo pedía. Técnica, disciplina y mucho oficio: así se gana la confianza de un evento grande.
Se sabe que los radioaficionados no solo transmiten señales; transmiten seguridad. Ellos supervisaron maniobras, ordenaron movimientos y resolvieron imprevistos sin alardes ni aspavientos. Gracias a esa red de comunicación las embarcaciones pudieron desfilar embellecidas, coordinadas, como piezas de un mecanismo que funcionó a la perfección. Cuando la gente aplaudía en la costa, pocos imaginaron la serie de instrucciones precisas que recorrían el aire para que cada motor, cada timón y cada proa encajaran en tiempo y forma.
La Dirección del Sectorial de Cultura reconoció públicamente la labor del grupo. Aplauso merecido. Pero los radioaficionados tampoco ocultaron su gratitud: agradecieron a la institución por confiarles la coordinación, por permitir que su talento y responsabilidad quedaran al servicio de la comunidad. Fue un agradecimiento recíproco que selló la jornada y dejó clara una cosa: cuando la cultura local se organiza bien, gana toda la ciudad.
Hay gestos que no llaman la atención en los titulares, pero sostienen los eventos. El operativo del 30 de agosto fue uno de esos: discreto en apariencia, esencial en resultados. Voluntad y competencia técnica al servicio de la fiesta popular. Así trabajan los colegas de Caibarién: sin grandilocuencia, con eficacia y con la certeza de que su trabajo hace posible que la ciudad celebre con orden y belleza sus fiestas populares.
Si te perdiste el desfile, fíjate la próxima vez en la línea que une una estación de radioaficionado con una embarcación. Ahí está la historia no contada del Carnaval Acuático. Y si valoras lo hecho, búscalos, hazles saber que su esfuerzo fue notado. Porque la próxima vez volverán a estar ahí: aferrando las señales para que la fiesta siga su curso.



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