sábado, 30 de agosto de 2025

Radioaficionados coordinan Carnaval Acuático 2025

 


 

Por: Dr. C Raúl González Peña (CO6XDX)

Fotos: Lic. Mariela Jiménez (CL6AX)

Iconografía y edición: Ing. Arnaldo Lorenzo (CM6YX)

 

No fue casualidad. Siete barcos, siete voces en el aire y una red de coordinación que sujetó el operativo de comunicaciones desde la salida hasta el regreso. Mariela, Martha, Luis Javier, Miguel, Yainier, William, Osmany, Sandiel, Darío, Eliesky y Raúl tomaron posiciones, ajustaron frecuencias y hablaron claro cuando hacía falta. En todo momento contaron con la estación de respaldo operada por Jorge Mollinea, lista para entrar si la situación lo pedía. Técnica, disciplina y mucho oficio: así se gana la confianza de un evento grande.

 


Se sabe que los radioaficionados no solo transmiten señales; transmiten seguridad. Ellos supervisaron maniobras, ordenaron movimientos y resolvieron imprevistos sin alardes ni aspavientos. Gracias a esa red de comunicación las embarcaciones pudieron desfilar embellecidas, coordinadas, como piezas de un mecanismo que funcionó a la perfección. Cuando la gente aplaudía en la costa, pocos imaginaron la serie de instrucciones precisas que recorrían el aire para que cada motor, cada timón y cada proa encajaran en tiempo y forma.

 


La Dirección del Sectorial de Cultura reconoció públicamente la labor del grupo. Aplauso merecido. Pero los radioaficionados tampoco ocultaron su gratitud: agradecieron a la institución por confiarles la coordinación, por permitir que su talento y responsabilidad quedaran al servicio de la comunidad. Fue un agradecimiento recíproco que selló la jornada y dejó clara una cosa: cuando la cultura local se organiza bien, gana toda la ciudad.

 

Hay gestos que no llaman la atención en los titulares, pero sostienen los eventos. El operativo del 30 de agosto fue uno de esos: discreto en apariencia, esencial en resultados. Voluntad y competencia técnica al servicio de la fiesta popular. Así trabajan los colegas de Caibarién: sin grandilocuencia, con eficacia y con la certeza de que su trabajo hace posible que la ciudad celebre con orden y belleza sus fiestas populares.

 

Si te perdiste el desfile, fíjate la próxima vez en la línea que une una estación de radioaficionado con una embarcación. Ahí está la historia no contada del Carnaval Acuático. Y si valoras lo hecho, búscalos, hazles saber que su esfuerzo fue notado. Porque la próxima vez volverán a estar ahí: aferrando las señales para que la fiesta siga su curso.

 

sábado, 23 de agosto de 2025

Contacto Espacial: Cómo Hablar con Satélites (y hasta con la ISS) con tu Equipo de Radioaficionado

 

Por: Dr. C Raúl González Peña (CO6XDX)

Iconografía y edición: Ing. Arnaldo Lorenzo Pardo (CM6YX)

(Resumen de la transmisión realizada por el repetidor 145 390 Mhz el sábado 23 de agosto de 2025)

 

Desde los albores de la radio, el ser humano ha soñado con empujar los límites de la comunicación, alcanzando rincones cada vez más lejanos del planeta. Pero, ¿y si el siguiente horizonte no estuviera al otro lado de un océano, sino directamente sobre nuestras cabezas, en el frío y silencioso vacío del espacio? Lo que suena a ciencia ficción, a una fantasía reservada para agencias espaciales con presupuestos millonarios, es en realidad una de las facetas más espectaculares y accesibles de la radioafición moderna. Es la prueba definitiva de que los únicos límites de nuestra afición son los de nuestra propia imaginación, permitiéndonos, con un equipo modesto, establecer contacto a través de satélites e incluso intercambiar saludos con los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS).

¿Pero quién pone estos repetidores en órbita y por qué? La respuesta se encuentra en el extraordinario trabajo de la comunidad global de AMSAT (Radio Amateur Satellite Corporation). Desde la década de 1960, esta organización, formada íntegramente por voluntarios, ha diseñado, construido y financiado el lanzamiento de docenas de satélites dedicados exclusivamente al servicio de radioaficionados. Conocidos como "OSCAR" (Orbiting Satellite Carrying Amateur Radio), estos dispositivos no son más que repetidores de radio en órbita. Funcionan bajo un principio sencillo: reciben una señal en una frecuencia (el "uplink") y la retransmiten instantáneamente en otra frecuencia (el "downlink"), creando un puente de comunicación sobre vastas áreas geográficas. Hay satélites para todos los gustos: algunos en órbita baja (LEO) que pasan rápidamente sobre nosotros, y otros en órbitas más elípticas que ofrecen ventanas de comunicación mucho más largas, todos ellos un testamento del espíritu colaborativo y la destreza técnica de nuestra comunidad.

Ante tal hazaña de ingeniería espacial, ¿se necesita entonces un observatorio con antenas parabólicas gigantes para participar en esta aventura cósmica? La respuesta es asombrosamente sencilla: no. La belleza de la comunicación por satélites LEO, incluyendo los pases de la ISS, es que se puede lograr con un equipo sorprendentemente simple y portátil. El equipo básico consiste en un transceptor "handy" (walkie-talkie) que sea capaz de operar en modo "full duplex", es decir, que pueda transmitir en una banda (por ejemplo, VHF) mientras recibe simultáneamente en otra (UHF). El componente clave es la antena: una pequeña antena direccional de mano, como una "Yagi" de 3 o 5 elementos. Esta antena actúa como una linterna de ondas de radio, permitiéndote enfocar tu señal hacia el satélite con precisión y, a la vez, captar su débil señal de respuesta. Es una operación manual y activa, donde el operador debe apuntar físicamente la antena al cielo, siguiendo la trayectoria del satélite, mientras ajusta la frecuencia para compensar el "efecto Doppler", el mismo fenómeno que hace que la sirena de una ambulancia cambie de tono al pasar junto a nosotros.

Ahora bien, un satélite es un objetivo invisible que se mueve a una velocidad vertiginosa. ¿Cómo podemos saber exactamente cuándo y por dónde aparecerá en el cielo? Aquí es donde la astronomía amateur y la informática moderna se convierten en nuestros mejores aliados. Gracias a la mecánica orbital, la trayectoria de cada satélite es perfectamente predecible. Existen multitud de herramientas, desde páginas web como Heavens-Above hasta aplicaciones para teléfonos inteligentes como AMSATdroid o ISS Detector, que nos proporcionan toda la información necesaria para un pase exitoso. Con solo introducir nuestra ubicación, el software nos mostrará una lista de los próximos pases visibles, indicando la hora exacta de inicio, la elevación máxima que alcanzará en el cielo y la trayectoria que dibujará de un horizonte a otro. Esta predicción convierte lo que parece un acto de azar en una operación planificada con precisión militar.

Finalmente, tras la planificación y la preparación técnica, llega el momento de la verdad, el instante de la magia. ¿Y qué se siente en ese momento fugaz en que todo funciona? Estás de pie, en un lugar abierto, apuntando tu antena a un punto invisible en el firmamento. Sintonizas la frecuencia de downlink y, de repente, a través del ruido estático, escuchas una voz clara, la de otro radioaficionado a cientos de kilómetros de distancia. Rápidamente transmites tu indicativo en la frecuencia de uplink y esperas. Unos segundos después, escuchas tu propia voz retransmitida desde el espacio, seguida de una respuesta.

En ese instante, has completado un QSO a través de un repetidor que viaja a más de 28.000 kilómetros por hora, a cientos de kilómetros sobre la superficie de la Tierra. La emoción es indescriptible; es una mezcla de asombro tecnológico, la satisfacción de un gran logro y una profunda sensación de conexión, no solo con otro operador, sino con la inmensidad del cosmos. Es la radioafición en su máxima expresión, demostrando que con un poco de conocimiento, algo de equipo y una gran dosis de curiosidad, ni siquiera el cielo es el límite.

Regresa al Radio Club de Caibarién el Evento Técnico municipal

 


Por Dr. C Raúl González Peña (CO6XDX)

Fotos: Lic. Mariela C. Jiménez (CL6AX)

Iconografía y edición: Ing. Arnaldo Lorenzo Pardo (CM6YX)

¿Quién podría imaginar que en un día forzosamente marcado por la historia controvertida de la radio cubana, un grupo de radioaficionados en Caibarién transformaría una simple reunión técnica en un espacio de innovación y camaradería? Pues así fue, queridos lectores: el 22 de agosto de 2025, contra todo pronóstico meteorológico y energético, se desplegó en el Radio Club de Caibarién un evento que no solo iluminó mentes, sino que también recargó almas. Programado para las 6:00 pm, este taller técnico parecía destinado a naufragar en medio de las tormentas recientes –esas lluvias torrenciales y descargas eléctricas que habían azotado la región en días pasados–, sumadas a la incertidumbre de la situación electroenergética, esa sombra constante que amenaza con apagar no solo luces, sino también sueños. Sin embargo, como si las fuerzas cósmicas hubiesen conspirado en favor de la curiosidad humana, el cielo se presentó en su versión más idílica: un típico día estival, bañado en luz dorada, calor envolvente y un brillo cegador, sin una sola nube que osara anunciar lluvias. Y las lluvias no llegaron. Tampoco el temido apagón.

Fue entonces, cuando las manecillas del reloj se alinearon en vertical, que dio inicio una de las actividades más cautivadoras, atractivas y enriquecedoras que ha visto el club en tiempos recientes –un verdadero testimonio de conocimiento y pasión por la electrónica.

Pero detengámonos un instante en el porqué de esta fecha, porque nada en este evento fue casual. Se cuenta –o mejor dicho, se malcuenta– que un 22 de agosto de 1922 se fundó la radio en Cuba, con Luis Casas Romero al frente de una supuesta transmisión pionera. Esta narrativa, solo sustentada en un muy mal libro, fue el gancho logístico para elegir el día, aunque, paradójicamente, el taller sirvió para desmontar ese mito con evidencia histórica irrefutable. Los radioaficionados de Caibarién, armados de investigaciones meticulosas, están convencidos de lo contrario: no hubo transmisión alguna en agosto de 1922, ni en los meses subsiguientes. ¿Acaso no es fascinante cómo un error histórico puede convertirse en catalizador para un encuentro moderno? En fin, dejemos de lado por ahora esa controversia –que bien merece su propio capítulo en los anales de la radiodifusión cubana– y volvamos al epicentro de la acción: las presentaciones técnicas que hicieron vibrar el aire con ideas frescas y soluciones prácticas.


 

El escenario se llenó de experimentados "cacharreros" –esos magos de la electrónica que convierten chatarra en tesoros– y noveles técnicos, todos unidos por una pasión inquebrantable. Luis Javier, junto a su hijo Javielito, capturó la atención con un regulador de carga para paneles solares asequibles, una ingeniosa pieza que optimiza la energía renovable en entornos donde cada vatio cuenta, demostrando cómo la colaboración familiar puede generar avances accesibles para comunidades como la nuestra. Arnaldo, por su parte, presentó un ventilador recargable que no solo refresca el ambiente en medio del calor tropical, sino que se alimenta de baterías reutilizables, un guiño perfecto a la sostenibilidad en tiempos de escasez. Adrian elevó la apuesta con su potente inversor, capaz de transformar corrientes continuas en alternas con eficiencia notable, ideal para mantener equipos en funcionamiento durante emergencias. Raúl, innovador incansable, compartió su interfaz para operar remotamente equipos de radio, una solución que permite controlar transmisiones dejando las manos libres –imaginen las posibilidades de este dispositivo para operar equipos de radio en expediciones y concursos.

Y entonces llegó Pedro Lima, cuya presencia siempre eleva el evento a otro nivel. Con su ingenio característico, compartió un arsenal de experiencias, pero la estrella indiscutible fue su medidor de condensadores y bobinas utilizando un frecuencímetro –un dispositivo casero que mide con precisión componentes electrónicos esenciales, facilitando reparaciones y diseños sin herramientas costosas. ¿No es asombroso cómo un simple frecuencímetro puede desentrañar los secretos de la inductancia y la capacitancia, democratizando el conocimiento técnico? Además, se destacaron las plataformas informáticas del club, desarrolladas con maestría por Arnaldo y Roberto: la página web, que sirve como ventana al mundo para compartir logros; el blog, un repositorio vivo de crónicas y tutoriales; y la página administrativa, que optimiza la gestión interna con eficiencia digital. 


 

Pero el evento no se limitó a exposiciones unilaterales; fue un hervidero de interrogantes y respuestas. ¿Cómo maximizar la vida útil de baterías recargables en un clima tan variable? ¿Qué trucos hay para integrar paneles solares en setups de radio sin perder potencia? ¿Es posible recuperar componentes de aparatos obsoletos para crear algo nuevo? Estas preguntas flotaron en el aire, y las soluciones brotaron con generosidad: desde técnicas de soldadura improvisada hasta algoritmos básicos para monitoreo energético. Como colofón, y como casi siempre ocurre cuando Pedro Lima toma la palabra, la tarde culminó en una conversación amena y profunda sobre comunicaciones en FM, antenas direccionales y amplificadores de señales de radio –temas que se entretejieron con anécdotas personales, risas compartidas y debates apasionados sobre la propagación de ondas en el éter cubano.

En resumen, esta no fue una tarde cualquiera. Fue productiva, sí, por los temas técnicos y las soluciones prácticas que se intercambiaron, pero sobre todo porque reunió a amigos que se admiran mutuamente, en un espacio libre de comentarios estériles o momentos incómodos. Se charló, se aprendió, se inspiró. Vendrán otros momentos, otros eventos y nuevas posibilidades de participación, pero hoy, en Caibarién, volvimos a hacer historia: desarrollamos impecablemente nuestro Evento Técnico 2025, un recordatorio de que la radioafición no es solo sobre ondas y circuitos, sino sobre conexiones humanas que trascienden el tiempo y las tormentas. Si eres un entusiasta de la electrónica, un curioso de la historia radial o simplemente alguien que valora la innovación comunitaria, únete a nosotros en el próximo. ¿Quién sabe qué maravillas electrónicas nos deparará el futuro? Sigue nuestro blog en el Radio Club de Caibarién para más detalles y mantente conectado. ¡Las ondas nos llaman!

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